¿Qué puedo hacer por mi parroquia? 4 consejos para servir mejor

Sabemos que a los apóstoles no les tocó fácil cuando comenzaron a formar la Iglesia. Fue su amor a la Cruz y la gracia del Espíritu Santo la que los mantuvo firmes en propagar la fe en las primeras comunidades cristianas. Sabemos también que esas primeras comunidades se caracterizaron porque en ellas se reunían para escuchar las enseñanzas de los apóstoles, para participar en la fracción e incluso para compartir sus bienes (Hechos de los Apóstoles 2, 42-47).

Pero el éxito de estas primeras comunidades no fue solo gracias a la acción de los apóstoles, sino de toda la comunidad, donde todos tuvieron un rol activo. Precisamente porque en el plan de Dios todos aportamos. ¿O crees que habría bastado con que aquellos que escucharon a Pedro retransmitir las palabras de Jesús se quedasen quietos? ¿O que luego de comer el Pan de Vida solo regresaran a casa? ¡Seguramente no!

Entonces, ¿no deberíamos todos tomar ese rol de ayudar en la misión de nuestra comunidad cristiana, de nuestra parroquia? Los contextos históricos de hoy son distintos a los de hace 2000 años, pero aún hoy se sigue trabajando muy duro en propagar la fe. Desde nuestra parroquia podemos hacerlo. Ella necesita de nosotros más de lo que creemos.

Si saber esto te inquieta o ya desde hace rato has escuchado ese llamado, pero por temor, prejuicios o desconfianza en ti mismo no lo has hecho, te presento estos 4 consejos:

1. Ora

Como siempre con Dios pues, aunque Él quiere que sirvas en su reino, solo es Él quien te puede decir de qué forma. Quizá ya lo hagas con alguna misión en particular y Él te quiera dejar allí, tal vez te quiera en la parroquia, o tal vez ¡en ambas! Solo pidiéndole luz en la oración lo descubrirás. La oración también te ayudará a dejar esos típicos temores iniciales: a que no te dé tiempo, a hacerlo mal y a pasar verguenzas… ¡oye! ese mismo temor lo tuvieron Jeremías, Moisés o incluso el mismo Jesús justo antes de su pasión. Fue precisamente la oración la que lo animó (Lc 22, 43).

2. Descúbrete

Si no sabes cómo ayudar, porque crees no tener algún don, déjame recordarte algo: «a cada uno se le da una manifestación del Espíritu para el bien común» (1 Co 12, 7). De que tienes algo en qué aportar en la parroquia, lo tienes. Y si no lo sabes ahora, lo sabrás en algún momento. ¿Pedro siempre supo lo bueno que era para dirigir? No, lo descubrió justo después de haber empezado su misión.

Convéncete de algo: Dios puede hacer mucho a través de ti, sin importar lo que sea (una dulce voz o el arpegio de una guitarra en el coro parroquial, los hermosos arreglos florales, una buena administración económica o un servicio pastoral). La parroquia no solo es el párroco, sino también a fieles laicos que lo apoyan.

3. Habla con tu párroco

Tu párroco ha sido formado para detectar las necesidades de tu parroquia y trabajar en ellas. Es quien más te puede acompañar en tu proceso de discernimiento. A menos que te conozca, si no te le acercas, nunca adivinará que quieres ayudar. Cuando hables con él, explícale tu intención, coméntale de ti, de tus actitudes y habilidades. Al fin y al cabo: «Fracasan los planes cuando no se consulta, y se logran cuando hay consejeros» (Proverbios 15, 22). Ora también por él, para que Dios lo ilumine en el consejo que te dé.

Si quieres profundizar en cómo tener una mejor relación con el sacerdote de tu parroquia, te recomendamos hacer click aquí.

4. Conoce los grupos parroquiales

Dar catequesis de Primera Comunión a niños no es lo mismo que visitar a enfermos de la comunidad. Cada grupo parroquial tiene su mística, a veces diferente de los otras comunidades. No obstante, todas son parte de un mismo objetivo. Lo podemos entender así según lo que nos dice Pablo en 1 Co 12, 14-31.  Es necesario que conozcas la realidad de tu parroquia. Además de la opinión de tu párroco es bueno que te enteres por tus medios de lo que hace cada grupo, cuándo y dónde se reúnen o ejecutan sus actividades, los requisitos para hacer parte de alguno, etc. Es fundamental que sepas todos estos detalles para verificar que te puedes alinear según tu disponibilidad.

No te quedes con la inquietud que Dios ha puesto en tu corazón y comienza a ser miembro activo de tu comunidad. La Iglesia eres tú y soy yo, Dios te abrirá los caminos.

Escrito por Alberto Acosta.

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