¿Qué le puede decir la experiencia de san Pedro a mi historia con Jesús?

Si nosotros hubiéramos asesorado a Jesús para elegir a sus discípulos, ¡qué distinto hubiera sido todo! Jesús, no le des la bolsa a Judas, que es ladrón; Jesús, no fundes tu Iglesia sobre Pedro, que anda siempre negando todo… ¿No es verdad que Jesús hizo las cosas muy mal? ¡Pero la Iglesia salió bien! ¿Por qué será?

Dicen que Dios escribe derecho con renglones torcidos. Y con san Pedro apóstol sí que se esmeró: ¿habrá habido algún renglón más torcido que el querido Pedro?

Y sin embargo, lo elegiste. Y hoy, 265 papas después seguimos preguntándonos: ¿qué te llevó a elegirlo? ¿por qué Pedro y no Andrés que fue tu primer discípulo? ¿Por qué no Bartolomé que era un “israelita sin doblez? ¿por qué él? Claro, no es sencillo, pero tenemos que aprender a ver con tus ojos y no con los nuestros. Porque tu sabiduría es necedad para los que no ven con tus ojos, pero un tesoro infinito para los que sí lo hacen.

1. San Pedro era muy inculto

¡Y vaya que lo era! Un pescador en Galilea. Ni un doctor de la ley, ni un fariseo, ni siquiera un miembro del Sanedrín: un pescador, un trabajador asalariado que vivía del trabajo de sus manos. Pero «Dios elige a los necios del mundo para confundir a los fuertes» (I Co, 1,27) Y con Pedro se lució: él siguió siendo necio incluso después de recibir al Espíritu Santo. En el primer concilio de Jerusalén la Iglesia lo hizo recapacitar y volver sobre sus pasos en cuanto a la circuncisión y otras costumbres judías. Pero Pedro se sabía inculto y rudo, aceptó las correcciones de sus hermanos y la Iglesia siguió adelante conservando la fe.

2. San Pedro era muy impulsivo

Jesús, para guiar tu Iglesia necesitamos gente que no se deje llevar por los impulsos, sino gente centrada, equilibrada y con dotes de mando. Un impulsivo es muy cercano a un imprudente (y san Pedro demostró muchas veces ser impulsivo, por ejemplo cuando te pidió que no le lavaras los pies). ¿Por qué una persona impulsiva para gobernar una Iglesia que iba a nacer en crisis? Porque generalmente las personas impulsivas no miden los riesgos y se dejan llevar por los “impulsos” de su corazón. Y todas las “corazonadas” posteriores de Pedro mostraron que tu infinita sabiduría estaba orientada a expandir la Iglesia hacia todo el mundo conocido. El episodio del quo vadis lo demuestra: Pedro seguía siendo impulsivo poco antes de su martirio, pero su corazón grande lo hizo volver y enfrentarlo.

3. San Pedro era un cobarde

¿Cómo no iba a cantar el gallo viendo semejante gallina? Sí, ya sé, todos somos valientes en teoría. ¡En la práctica es otra cosa muy diferente! Pero Señor, ¿qué te hizo pensar que Pedro sería un buen pastor para tus ovejas? ¡Si se asustó de una cocinera! Dios también elige a lo débil de este mundo para confundir a los fuertes, para que se viera que la Iglesia no era obra de los hombres, sino obra de Dios.

San Pedro también era asustadizo. Cuando en la barca, siguiendo un impulso te quiso seguir, caminando sobre las aguas, se acobardó por su falta de fe, y de ese modo, le enseñaste que la fe es más importante que la valentía y que no quieres valientes, sino hombres que confíen en ti plenamente, sin dudar un segundo. Porque el que confía en su propia valentía, entonces no tiene necesidad de ti.

4. San Pedro te traicionó

Todo muy lindo, el nombramiento de Pedro y que su sobrenombre fuera “piedra” (¿será por cabeza dura?) ¡Pero san Pedro es lo mismo que Judas! ¡Te traicionó! ¡Te negó tres veces! ¿Por qué no iba a seguir negándote después como Papa? Nuestro primer Papa comenzó la Iglesia con el pie izquierdo. No podría haber metido la pata más a fondo. Luego de haberte traicionado, no solo no rectificó su traición, sino que lloró cuando el gallo cantó. Y cuando te lo encontraste, nos enseñaste cómo se transita el camino del perdón: por cada negación un «¿Me amas? apacienta a mi rebaño». Porque de ese modo nos enseñas que no importa las veces que te traicionemos, pecando, sino las veces que nos arrepintamos, te pidamos perdón y volvamos a tu rebaño. Porque somos ovejas perdidas que necesitan a su Pastor, y somos débiles, y cobardes, y necios, e impulsivos, pero en el fondo, «Señor, tú sabes que te amamos» y que queremos servirte a pesar de nuestras limitaciones y nuestros pecados.

¿Qué nos dice la conversión de san Pedro hoy? Que no importa el tamaño de nuestros pecados, de nuestra ignorancia, de nuestra personalidad. Que Dios hizo santos, (¡y grandes santos!) a personas débiles como tú y yo. Que Dios nos pide que llenemos las tinajas y que Él se encarga de transformar el agua, insípida y sosa, en vino que alegra. Que no tenemos que dejarnos vencer por nuestras fragilidades, sino dejar que Dios nos transforme en levadura, en fermento para la masa. La conversión de san Pedro nos indica que Dios no necesita de nuestros talentos, sino que quiere nuestra nada, que reconozcamos humildemente que Él y solo Él es el que hace que nuestros talentos fructifiquen, siendo tierra humilde que se deja labrar en el desánimo, en la tristeza, en el dolor.

Elevemos nuestras oraciones al querido san Pedro, para que él, que tuvo el privilegio de sostener primero el timón de la barca de la Iglesia, sostenga también nuestro timón para que podamos dejarnos transformar por Cristo.

Fuente: catholic-link.com

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Un comentario:

  1. Coordinador de grupo

    Muy lindo articulo, buena reflexion sobre nosotros mismos como humanos que somos, compartilo con tus amigos

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