Mujeres que aman demasiado

El apego emocional de una mujer con baja autoestima conduce a despreciar a los hombres buenos y sentirse atraída por los inestables. Claves sencillas para salir de esa situación, que es casi una droga

¿Cómo se puede amar demasiado si se supone que la medida del amor es amar sin medida? Cuando el amor nos genera un sufrimiento el cual es resultado de una relación tóxica -venenosa-, entonces estamos amando demasiado.

Años atrás y siendo yo una mujer con personalidad codependiente en vías de sanación, leí un libro -“Mujeres que aman demasiado” de la autora Norvin Norwood- que me pareció fabuloso porque me abrió los ojos respecto a patrones de conducta tóxicos que había tenido en algunos momentos de mi vida. Se me vino abajo esa creencia que muchas mujeres tienen -que en su momento yo también tuve-  sobre no tener suerte para el amor o que invariablemente les llegan “patanes” a sus vidas. Esto es una total falacia, es mentira.

No es cosa de suerte ni de que no lleguen buenos hombres, sino de saber elegir a la pareja correcta. Los hombres buenos sí llegan. Es más, ellos pueden estar rondándolas, pero ellas no los sabrán reconocer ni los elegirán porque no es el tipo de “caballeros” al que están acostumbradas ni la clase de hombres que les llame la atención. Esta es la única verdad, que no han sabido escoger. Y lo más triste es que si ellas no sanan interiormente, ese seguirá siendo su patrón al elegir pareja, hombres tóxicos.

 

¿Parece que los hombres buenos aburren?

Aún más peligroso es que en el caso de que llegaran a tener una relación con un hombre sano, o por lo menos más hacia el lado de la estabilidad emocional, este les parecerá aburrido y pronto lo mandarán a freír espárragos porque les parecerá bobo y fastidioso. ¿Por qué? Tiene toda la lógica, no es lo que conocen, no es a lo que están habituadas e inconscientemente necesitan de esa adrenalina que los malos tratos, los insultos y otros tantos comportamientos tóxicos y hasta degenerados le genera. En pocas palabras, un hombre que brinde paz, tranquilidad, serenidad y todo aquello que parezca armonía ¡guácala, qué hastío!

Hay ciertas características que predominan en la mujer que ama demasiado.

  • Necesidades emocionales no satisfechas. Proviene de un hogar disfuncional -no necesariamente de padres divorciados- que no las satisfizo lo que le generó crecer con profundas heridas emocionales.
  • Dado a que tuvo abandono emocional desde pequeña, le tiene pánico a la soledad y al abandono. Por lo tanto, hará lo que sea, incluso perder su dignidad, con tal de que la relación “con su hombre” no termine, que él no la deje.
  • Hace todo y de todo por complacer -no solo a su hombre- a quien sea con tal de mendigar una migaja de cariño y ternura. Como está acostumbrada a no tener amor, lo que le den ya es ventaja.
  • Personalidad controladora. Como ella está insatisfecha afectivamente, busca hombres necesitados como ella. De esa manera ella da lo que le gustaría recibir y siente tener el control de la relación.
  • El hombre ecuánime o equilibrado le aburre. Huyen de los hombres buenos y estables. Se le hacen aburridos porque no le generan esa adrenalina y esa excitación a la cual ya está acostumbrada. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por ella. Los hombres reto sí porque la hacen reaccionar. Como no tuvo unos padres tiernos ni cariñosos tiene la creencia de que con su amor sí puede hacer cambiar al hombre. Por supuesto que se pone mal y reacciona cuando estos no se dejan cambiar.
  • Complejo de la Madre Teresa. Se siente la “salvadora” de su hombre. Hace todo y de todo por ayudar al varón en turno. No hay dinero que le ajuste ni nunca es suficiente la ayuda con tal de que él se sienta socorrido y que ella es la heroína. Incluso, no le importa perder salud y dinero, dignidad… Nada.
  • La culpa y ella son una misma. Es quien más perdón pide en la relación, no por buena, sino por “necesitada” y por miedo. La mayor carga o responsabilidad de la relación la lleva ella a cuestas. La culpa y los reproches se los hace personales. “Fui yo, todo por mí, si yo hubiera hecho eso o aquello… Fue mi culpa…”
  • De la autoestima sana ni hablar. ¡No tiene! Cree que le hacen el favor de quererla. No se cree merecedora de la felicidad y mucho menos del amor. Está convencida que debe trabajar muy duro para obtener el derecho a ser feliz, peor aún, de que la amen. No sabe reconocer sus talentos.
  • Manipuladora y controladora. Tiene una necesidad descontrolada por controlar y tener el mando, pero lo hace de una manera suave para que su pareja o los demás no lo capten. Como generalmente no logra tener el control, puede llegar a desarrollar trastornos alimenticios como bulimia y anorexia.
  • Es una mujer insegura porque no tuvo bases sólidas de amor desde su niñez. Su afectividad está muy dañada y por medio de gritos silenciosos pide auxilio. Se siente víctima del mundo y ese papel, en muchos casos, le ha resultado bien.
  • Sueña con el príncipe azul que la rescate. Elige hombre con personalidad salvadora lo que le hace estar con él por las razones equivocadas. Es decir, por necesidad y no por amor.
  • Va por la vida fingiendo que todo está perfecto con ella y que no pasa nada, pero en el fondo vive con tristeza y desolación.
  • Vive una relación ficticia, vive más de sueños que de realidades. Tiene expectativas de cómo le gustaría que fuera su relación porque su relación real en el fondo no le gusta y le duele y sufre.
  • Desarrolla una adicción a los hombres, al dolor y a la inestabilidad emocional. Está acostumbrada a este tipo de adrenalina y que los hombres “sanos” no le producen. Como cualquier adicto, necesita de ella. Son mujeres con episodios de dolor y tristeza y prefiere la descarga de adrenalina que le proporciona la relación inestable a hacerse responsables de su propio dolor.
  • Prefiere involucrarse con hombres a quienes les pueda resolver la vida, así evita hacerse responsable de su propia vida.

 

La guerrera que llevan dentro

Es importante saber que cuando la mujer que ama demasiado decide despertar y tomar el control de su propia vida se convierte en una maravillosa e imparable guerrera de la vida. Se le abren puertas por doquier y si no, ella misma se las abre. Y si además es una mujer que vive y lucha por vivir conforme a sus valores morales, será una mujer que dondequiera tendrá cabida y el éxito asegurado.

Quizá llegue a ser envidiada por otras de su género, pero es sólo porque las otras mujeres no han sabido salir de sus madrigueras ni han descubierto el cómo ser valientes para escapar con vida de esa toxicidad en la que viven como le hizo ella, para experimentar esa metamorfosis interior que hoy la hace ser ese mujerón.

 

Soluciones

Para salir de ese apego emocional hay claves sencillas y útiles que se pueden practicar:

  • Trabaja con el espejo donde a diario te veas y en vez de criticarte descubre las maravillas y los milagros que hay en ti. Admira tu nariz, tus labios bien delineados, la luz de tu mirada, etc. y viéndote directa y profundamente a los ojos di tu nombre fuerte -aunque te sientas tonta-: Ana, te amo y te acepto tal y como eres.
  • Haz una pequeña oración, de preferencia por la mañana. Viaja a tu interior por medio de una respiración profunda. Dialoga con tu niña interior y dile: “Tranquila, mi niña. Ya mi chiquita, no tengas miedo porque ahora yo, Ana, el adulto, cuido de ti. Estás a salvo conmigo. Yo te protejo. Y a ti y a mí nos cuidan y nos protege el amor incondicional de Dios”.

 

El proceso de sanación interior es largo y doloroso, pero vale la pena recorrerlo. Porque solo así sabremos elegir pareja y compañía de manera sabia, por las razones correctas.

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