4 valiosas reflexiones a las que llegué después de ver «Robot 7723»

Hay ocasiones en que, como la varita de Harry Potter, las películas lo eligen a uno y no al revés. Hace poco estaba navegando por Netflix, intentando encontrar algo que no haya visto ya, y me llamó la atención el título Robot 7723. Sin muchas expectativas, esperando encontrar mucho de la cultura moderna que atenta contra los principios básicos de la familia y la persona como tal, me sorprendí al encontrar una película con varios elementos para discutir entre amigos o en una clase.

Una breve sinopsis. Maia es una adolescente nacida en un futuro donde, para recibir una cuota de atención, necesitas ser dueño de un Q-bot. Tecnología y seres humanos conviven en un mundo aparentemente armonioso. Todo se sale de control un día cuando Maia conoce a 7723, un robot de guerra que no sabe para qué fue construido. A lo largo de la película se desarrollan diversas situaciones que llevan a Maia a un crecimiento personal importante, a la par que gana un amigo.

Los puntos que propongo discutir después de ver la película, son:

1. La tecnología como (no) determinante de quiénes somos

Honestamente no recuerdo si alguna vez me lo dijeron a mí, pero más de una vez he escuchado a los chicos de hoy en día decir «¿ese es tu celular?», mirando con cierta expresión de incredulidad y, me atrevería a decir, asco, cuando se trata de un modelo de más de dos años en el mercado.

En la nueva película de animación de Netflix, el personaje principal se revela contra la noción de identificar su valor con sus pertenencias. Ella no debería valer lo que su robot. Cuando conoce a 7723, Maia comienza a creer que, por verse acompañada de tan majestuosa máquina, ella es alguien valioso. ¿Cuántas veces has puesto tu valor en lo que tienes, olvidando que tu verdadero valor viene por ser hijo de Dios? ¿Alguna vez te has puesto a pensar que vales mucho más de lo que podrías estar dándote el crédito?

2. La violencia como generador de problemas, no soluciones

Hay algo en la realidad de Maia que la incomoda, que la hace sentirse realmente desechable. Buscando cubrir ese vacío en su vida, esa cosa que le falta, nuestra pequeña heroína se refugia detrás de un carácter violento que la va aislando más y más de su entorno y su realidad. ¿Es esta una verdadera solución? ¿Cuántas veces, por mal humor o descuido, terminamos tratando a nuestros prójimos mal, sin que se lo merezcan? Ella no ve otra manera, es o la violencia o la violencia.

¿Cuántas veces la solución parece ser «eliminar el problema»? «Bueno, no la mates, pero golpéala o algo, quiero que sufra tanto como cuando ella me hizo sufrir a mí». 7723 tiene una propuesta diferente. «¿No podemos solucionar esto con palabras antes que violencia?».

Muchas veces, por la calentura del diálogo, uno responde con violencia (puede ser verbal, no necesariamente física) a esas cosas que a uno mismo le resultan violentas. Pero la violencia solo engendra violencia, así como el fuego combatido con fuego, solo provoca una llama más grande. Como dice el libro de Isaías:

«El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?».

Estamos llamados a recibir los golpes, más no a devolverlos. Siempre preservando la dignidad del regalo que Dios nos dio.

3. La presencia/ausencia de los padres con la tecnología

Esta realidad todavía no es tan palpable en todos los hogares del mundo, pero seríamos muy inocentes si creyéramos que no pasa ya. La madre de Maia es una que, aunque aparece muchas veces en la película, está completamente ausente en la vida de su hija. Completamente absorta en lo que ella considera la realidad, Molly se olvida de una realidad esencial: su hija crece y necesita de su atención.

Los robots (o, en nuestro caso, los videojuegos, youtube u otras alternativas) no van a hacer el trabajo por ella. Es importante saber dejar de lado el celular, dejar el trabajo en la oficina, donde pertenece, y poder dedicar tiempo de calidad a los chicos. No podemos pretender que la calidez de la cercanía de un ser humano sea reemplazada por el frío de una pantalla. «Lo siento tanto. Debí prestarte más atención. Te sentías tan sola, querías un abrazo, y debí habértelo dado. Pero yo también estaba sola y pensé que los robots eran mi solución, pero no. Eras vos», llega a reconocer en un momento.

No escondas el amor por tus hijos, dales todo lo que tienes y más todavía. Así vas a cambiar al mundo. En parte, esa es la santidad a la que están llamados los esposos.

4. La importancia de nuestra historia

Uno de los ejes centrales de la película es la importancia y relevancia de los recuerdos. Nosotros no somos nuestro pasado, pero tampoco es que nos estemos inventando constantemente una personalidad. Los recuerdos tienen mucho valor. Ellos nos permiten hacer un examen de nuestra historia y reconocer el paso de Dios por nuestras vidas. Arrepentirnos de nuestras malas obras y alegrarnos con los buenos momentos compartidos con los seres queridos, la historia personal es una que se atesora, momentos buenos y malos, todos juntos.

El robot, por una falla en el sistema, se ve obligado a eliminar recuerdos y es así como logra mantener su relación con Maia. ¿Qué ocurriría si nosotros hiciéremos lo mismo?

Si todavía no la has visto ya tienes razones suficientes para hacerlo, y si ya la disfrutaste, no olvides dejarnos saber en los comentarios qué tal pareció esta película.

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